Month: August 2016

Cartografías de la lectura

Por la mañana, después de escuchar una conferencia de William Soto Santiago por internet, aproveché para revisar mis redes sociales (algo que hago varias veces al día, he de confesar). En Facebook encontré un artículo muy interesante, compartido por la página de Libros UNAM.

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El tema era la lectura y presentaba los resultados de un estudio que, paradójicamente, demostraba que el papel constituye un soporte más adecuado para la interpretación y comprensión de lo que leemos. Digo paradójicamente, porque de no haber sido por un medio digital, probablemente habría tardado varias semanas o hasta meses en enterarme de la existencia de dicho artículo.

Las conclusiones del estudio en cuestión fueron publicadas en la revista Scientific American y se basan en una serie de investigaciones, desarrolladas por neurólogos y especialistas en procesos de aprendizaje. Lo que se demostró fue que sensaciones como el contacto con el papel y movimientos como el cambio de las hojas cumplen funciones importantes en la comprensión de conceptos e ideas a partir del texto, así como en la fijación de los conocimientos en la memoria.

Uno de los investigadores comparó la lectura en papel con una caminata, en el sentido de que ambos procesos marcan senderos, ejercitan sistemas del organismo y estimulan distintas regiones del cerebro; lo anterior no se consigue con la lectura en pantalla, de la misma forma que jugar un videojuego de futbol no hace gran cosa por nuestros músculos.

La lectura en papel también permite percibir otros aspectos del texto que dejan huella en nuestro cerebro; por ejemplo, las líneas rectas y curvas que forman las letras, o la diversidad de colores e ilustraciones, si es que los hay. Estos elementos no nos impactan de la misma forma cuando los percibimos en una pantalla. En el curso de las investigaciones se comprobó que algo semejante ocurre con la escritura. Los científicos trabajaron con niños de cinco años y detectaron que cuando escribían sus primeras letras en papel, se registraba actividad en ciertas áreas del cerebro; pero lo anterior no sucedía cuando las mismas palabras eran tecleadas por los infantes en una computadora.

La conclusión más relevante es que, en efecto, los distintos soportes empleados para la lectura y la escritura influyen en el proceso de aprendizaje y por más ventajas que se puedan hallar en los soportes digitales (rapidez, ahorro, disponibilidad inmediata y hasta beneficios ecológicos), no consiguen superar a la lectura en papel ni a la escritura manuscrita.

Lo que a mí me pareció más interesante de esta investigación es que logró demostrar con pruebas científicas lo que la filosofía ya había planteado al menos desde la Edad Media. En esta etapa de nuestra historia, que el imaginario popular insiste en representar como ignorante y oscura, la elaboración de manuscritos para respaldar y distribuir obras literarias de todo género tuvo un gran auge.

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La Biblia fue uno de los textos que más se transcribieron, pero de ninguna manera fue el único. Versos, leyendas, cuentos, obras filosóficas y las primeras novelas en la historia de la literatura se copiaron también. El manuscrito no sólo se consideraba un medio para conservar mejor las obras que antes solían memorizarse; ante todo, era un soporte que permitía estudiar, interpretar, comentar y sí, también memorizar distintos tipos de contenidos.

Si se observan manuscritos paradigmáticos de aquella época, como el hermoso Libro de Kells, se descubrirán trazos, figuras y notas en los márgenes. Filósofos de siglos posteriores, como los de las escuelas de Chartres y San Víctor (siglo XII), plantearon que dichas notas e imágenes constituían una especie de cartografía para el estudio de los textos y un apoyo para la memoria, pues al recordar las imágenes, colores y notas, se lograría recordar el contenido de los párrafos adyacentes.

Mi opinión es que al rescatar y comprobar este tipo de ideas, nuestra época podría ser realmente afortunada, pues conservamos el precioso tesoro que son los libros, junto con la oportunidad de acceder a sus contenidos de manera más sencilla y rápida en los formatos digitales. El reto es saber apreciar y aprovechar esa doble ventaja.

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