Los hombres del Reich

Hace dos días, al estar volando en un avión de Interjet, terminé de leer un libro que encontré en casa de mis padres, publicado en el año de 1950, que hablaba sobre la corte de Adolfo Hitler en la Segunda Guerra Mundial, aquellos hombres que ayudaron al dictador a voltear al mundo al revés.

Muchas veces, cuando se habla de la Segunda Guerra Mundial, pensamos en un solo nombre al que culpamos de todo y al que se le atribuyen las grandes victorias  de la Alemania Nazi; sin embargo, se nos olvida que las acciones que tatúan el destino del mundo nunca las hace un solo hombre, aunque sea su nombre el que sobreviva.

Naturalmente, todos los historiadores saben quiénes sostuvieron e impulsaron las acciones de Adolfo Hitler, acciones que al cabo de cinco años habrían de dejar 60 millones de muertos atrás, cuya sangre se quedaría siempre en las páginas más obscuras de la historia.

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Adolfo Hitler nunca hubiera podido hacer las cosas que hizo sin su séquito, a quien él influenció y convirtió en máquinas estales, militares y criminales, quienes se encargarían de cumplir su voluntad sin ninguna duda ni reproche, formando así un gobierno como nunca antes se había visto.

Para que las órdenes del canciller alemán se llevaran a cabo efectivamente, era necesario convencer al pueblo absolutamente en las doctrinas dictadas por el partido NAZI, para lo que existía su ministro de propaganda Joseph Göbels, quien habría de entrar en el psíquico de las masas mediante publicidad, cine, teatro, literatura y discursos, tanto de él mismo, como de médicos militares expertos en higiene racial, quienes habrían hacer del pueblo alemán un pueblo asesino.

Bundesarchiv_Bild_146II-277,_Albert_Speer

Todas las ideas de Adolfo Hitler  y del partido NAZI requerían de enorme infraestructura y de sólidos trabajos de ingeniería y arquitectura, que pudieran hacer de lo impensable una realidad, para lo cual estaba el arquitecto Albert Speer, quien sería capturado por los aliados al final de la guerra.

Para hacer todo esto posible, era necesario tener inmensas cantidades de dinero, para lo que tenía a su Ministro de Economía, quien también sería el comandante supremo de la Fuerza Aérea Alemana, Herman Göring, quien sería después capturado y condenado a muerte por la justicia aleada.

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A momento de implementar las teorías raciales del partido NAZI, era necesario tener una fuerza policiaca que forzara que la ley racial se cumpliera y que se cumpliera, si es posible secretamente, por lo que se creó a la S.S., comandada por Heinrich Himmler, el verdadero autor del holocausto, quien fue capturado por los aliados y muerto en prisión por suicidio.

A su vez, a modo de que esto pudiera suceder, Alemania tendría que tener a los países poderosos y vecinos sin intervenir, por lo que era necesario tener un servicio exterior muy competente, capaz de tranquilizar las sospechas de mandatarios como Stalin y Churchill, por lo que Hitler tenía a Joachim Von Ribbentrop.

Estos fueron los hombres del Reich.

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