Las preguntas importantes

La semana pasada terminé una sesión de tres meses, compuesta de varios diplomados médicos, cubriendo muchos temas específicos, diseñados para prepararnos de alguna manera para las especializaciones que los estudiantes vayamos a escoger al terminar la carrera en medicina general.

Al terminar estos diplomados comencé a ver una serie de televisión que ya había visto y que recuerdo haber disfrutado mucho; sin embargo, sentí un fuerte deseo de volverla a ver.

Este fenómeno de redescubrir las cosas me sucede no tan esporádicamente; de hecho, me sucede muy seguido y disfruto cuando esto sucede de sobremanera, ya que siempre es por una buena razón.

Muchas personas, incluyendo varias de mis novias, han considerado este hábito como una pérdida de tiempo, ya que ellas y muchas personas son de la idea que el pasado no se debe visitar.

No obstante, yo lo veo de otra manera.

Mi proceso de redescubrimiento siempre tiene una secuencia idéntica, que sucede en los lugares y situaciones más inesperadas.

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Generalmente esto comienza con una corazonada, al recordar alguna frase del libro, película, serie o lo que sea que aplica a mi vida en esos momentos o que puede complementar algún conocimiento recientemente descubierto, algo que aunque suene extraño, es como cubrir un pastel con nuevo betún.

La mayoría de las veces, cuando regreso a esas fuentes, veo lo que ya he visto como si fuera esta la primera vez ya que encuentro nuevos conceptos que no había visto antes, como si estuviera ciego la vez previa.

La serie que redescubrí ahora es una serie que en su momento me causó un gran placer por todo lo que ésta representa.

La mayoría de las personas conocen o saben quién es el famoso Doctor House, un médico extravagante quien toca el piano y la guitarra eléctrica, en medio de un caso médico aparentemente imposible de resolver y lo resuelve.

Esta serie es mucho más que una historia de resoluciones médicas, donde los pacientes enfermos se curan.

Esta es una serie que habla de la vida en todas sus facetas, donde nos damos cuenta que lo que vemos en las personas muchas veces es tan solo una faceta de lo que realmente está sucediendo en sus vidas, ya que como diría una tía mía, “No hay corazón desocupado”, ya que aunque las personas aparentemos tener un estado de hierro, la verdad es que muchas veces no es así, debido al hecho de que lo que para una persona no representa nada, para otra es todo lo contrario y viceversa.

Esta serie también me gusta mucho, ya que sus personajes se hacen preguntas a sí mismos, haciendo un profundo autoexamen con cuestiones tan aparentemente simples  como ¿Qué es una buena vida? O ¿Somos buenos por naturaleza malos, o nos vamos volviendo uno u otro?

Quien se responda estas preguntas a sí mismo y las responda racionalmente, tendrá un panorama de su existencia mucho más claro.

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