Como el retrato de Dorian Grey

Pocas personas, a menos de ser la reina del invierno, retienen la belleza física al paso del tiempo, ya que cada otoño deja su paso bien documentado en el rostro humano.

El mundo de hoy en día exige tanto de los hombres como de las mujeres, aunque el sexo femenino es, por mucho, el más afectado.

Se dice que a los hombres, como al vino y la madera, los años les favorecen positivamente, dándoles así una apariencia de sabiduría, experiencia y frutos abundantes en el pasar de la vida. Tan es así que en los cuentos de hadas un hombre de edad, barba desarrollada y cabello blanco es por lo general mago del bien, como es el caso de Merlin y Gandalf, mientras que en el caso femenino, siempre se trata de una bruja.

gandalf

Queramos o no, en lo más profundo de nosotros este estigma sigue punzante y queremos válidamente mantener los rayos de la juventud brillando el mayor tiempo posible, para así lucir con más frescura y vida.

La preocupación y ocupación de nuestra apariencia data a los remotos tiempos egipcios, cuando la primera cirugía con carácter estética surgió. Se trataba de  una reconstrucción de tabique nasal para otorgar al paciente una apariencia más simétrica, así como con la mejor afluencia de oxígeno vital para las arterias cerebrales.

Al caer la civilización egipcia se hundieron con ella muchos archivos (pergaminos) y salieron a la luz hasta el siglo XIX con la fiebre científica.

Fue a principios del siglo XX, durante la gran guerra (1914-1918), cuando la cirugía plástica retomó fuerza e importancia para los soldados heridos en el campo de batalla.

En este conflicto, la humanidad rompió todo paradigma y por primera vez la guerra se triplicó al aire, mar y tierra, creando así un perímetro de destrucción masivo.

Las tropas se enfrentaron en este tiempo a grandes enemigos, como la Gran Bertha (un mortero de 88 milímetros, capaz de destruir fortalezas), el gas mostaza (un químico diseñado para derretir los pulmones y crear ceguera) y el pie de trinchera.

Al ser arrastrados por dichos titanes, los cuerpos de las tropas quedaban irreconociblemente desfigurados, requiriendo así de la cirugía plástica, con el fin de quedar un poco más presentables.

Al paso del tiempo y ya extintas la segunda guerra mundial, Vietnam y Corea, la cirugía plástica fue tomando un giro puramente estético.

De los años setenta en adelante, Hollywood fue epicentro de la fiebre del dinero, la belleza y la fama, dando mas éxito a aquel capaz de mantener la flor de la juventud el mayor tiempo posible.

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Hoy en día, ya no es solo Hollywood quien quiere mantenerse más conservado, sino la mayoría de nosotros, ya que el caos de la vida diaria acelera nuestro envejecimiento.

A diferencia de otros tiempos nada lejanos, ya no es necesario recurrir a la cirugía como tal para lucir unos años más joven, gracias a la interminable revolución científica.

Hace un par de semanas, una buena amiga de mi madre fue a visitarle y resulta ser que nadie la reconoció, ya que lucía bastante más joven.

Todos le preguntamos qué maravilla era lo que había hecho, porque parecía que había hecho un buen trato con Mefistófeles.

Resulta ser que la señora fue a una sesión de radiofrecuencia facial, en la clínica de la Dra. Isela Méndez. La radiofrecuencia es una técnica nueva de lifting sin cirugía mediante la cual se hace una estimulación de las redes de colágeno, dejando así un verdadero efecto de Dorian Grey.

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